"Echate una bolsa al bolsillo" eso me dice mi madre cuando vamos a buscar caracoles o espárragos, una de nuestras actividades cuando voy a visitarles a Liria. Al principio no ves nada, pero luego te aficionas y solo vas mirando al suelo y a las esparragueras. Quitando cortecitos, dolor de ojos y dolor de cuello puedes encontrar los espárragos más sabroso que he comido nunca, vale la pena.
Ingredientes:
500 g de harina de fuerza
20 g de sémola de trigo
15 g de levadura fresca
10 g de sal
50 g de aceite de oliva virgen extra
320 g de agua
Un puñado de aceitunas negras sin hueso cortadas en rodajitas
Tomates cherry al gusto
Un puñado de espárragos silvestres
Orégano

Preparación:
Mezclar la harina y la sémola con la levadura frotándola con las yemas de los dedos. Añadir la sal, el aceite y el agua hasta que se forme una masa pegajosa. Sacar del bol, y sin enharinar la mesa de trabajo amasar con movimientos envolventes para que entre aire a la masa. Llegará un momento en que no se pegue la masa a la mesa, entonces formar una bola y dejar que repose 1 hora.
Mientras, encender el horno, arriba y abajo, a 250ºC con la placa del horno dentro y sin poner papel sulfurizado. Saltear los espárragos con los tomates con un poco de aceite y sal y reservar.
Cuando haya pasado el reposo, enharinar la mesa con harina de trigo o harina de maíz y volcar la masa con cuidado. Extenderla con los dedos como si se tratara de una pizza y repartir por encima los ingredientes, presionando para que se integren bien.

Doblar por la mitad y luego la otra parte doblar hasta conseguir un rectángulo, siempre presionando para que los ingredientes adicionales no se despeguen cuando levantemos la masa para doblar.

Esconder los extremos hacia dentro y cortar la masa para formar 6 panecillos. En una pala enharinada o como hago yo, en un trozo de cartón enharinado poner cada trozo de forma que un lado cortado quede hacia arriba y abrir (destripar un poco) para que se pueda ver el relleno.




